
Los modelos de desarrollo económico han promovido la explotación del recurso natural sin distinguir entre aquellos que deben ser usados y recuperados, y los que deben ser protegidos. Esto al amparo de un concepto de riqueza y bienestar, orientado a la acumulación y utilización inmoderada de productos de transformación y consumo. Así, los recursos naturales han sido destinados al suministro de insumos para la industria productiva o de transformación, o a la provisión de tierras con capacidad de explotación para la agricultura, la ganadería, la minería, etc. Este proceso se ha traducido en la desaparición de bosques y selvas, en la extinción de especies animales y vegetales, en la contaminación de las fuentes de provisión de agua y oxígeno, en la contaminación atmosférica y de fuentes hídricas; en general en la degradación a gran escala de los ecosistemas que han cedido al crecimiento de los grandes centros industriales y urbanos del mundo moderno.
Por lo tanto, las naciones deben revisar sus modelos de desarrollo a la luz del impacto que puedan tener sobre el medio ambiente. Los países en vías de desarrollo deben establecer un camino para proteger sus recursos naturales y utilizarlos para alcanzar el progreso que necesitan sus habitantes y mejorar sus condiciones de vida. Por otro lado, los países del primer mundo deben analizar como sus costumbres, modas de consumo y sus demandas de gasto afectan la producción y protección de los ecosistemas.
Por lo tanto, las naciones deben revisar sus modelos de desarrollo a la luz del impacto que puedan tener sobre el medio ambiente. Los países en vías de desarrollo deben establecer un camino para proteger sus recursos naturales y utilizarlos para alcanzar el progreso que necesitan sus habitantes y mejorar sus condiciones de vida. Por otro lado, los países del primer mundo deben analizar como sus costumbres, modas de consumo y sus demandas de gasto afectan la producción y protección de los ecosistemas.

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