
La región selvática amazónica es importante por su enorme capacidad de realizar procesos fotosintéticos y de respiración, tan esenciales para la purificación del aire y el ciclo del carbono.
Uno de los grandes peligros ambientales de América Latina radica en las exploraciones que se están adelantando en la gran selva tropical sin la debida consideración de los factores ecológicos. Por ejemplo los intentos llevados a cabo por una firma manufacturera norteamericana de neumáticos para automotores terminaron en un estruendoso fracaso. Sobre el río Xingú en la región de Altamira en el Brasil los habitantes de la región tumbaron y quemaron la vegetación, sembraron trigo, arroz, mandioca. Las primeras cosechas fueron espléndidas pero al cabo de tres años el suelo no produjo nada.
Otro ejemplo es el caso del norteamericano Daniel Keith Ludwing, el cual destruyó 2.5 millones de hectáreas de selva para sembrar árboles maderables para pulpa en el Brasil, sembró gmelia arbórea, árbol africano de buen crecimiento. Habiendo invertido más de 28 millones de dólares en este proyecto, la aventura parece ya terminada; las primeras matas murieron y las segundas fueron amenazadas por enfermedad.
Estos fracasos indican que hay que recurrir a sistemas nuevos y aprovechar la tierra según su mayor cantidad de uso, no desgastándola y explotándola para que no se de nada en el futuro.
Uno de los grandes peligros ambientales de América Latina radica en las exploraciones que se están adelantando en la gran selva tropical sin la debida consideración de los factores ecológicos. Por ejemplo los intentos llevados a cabo por una firma manufacturera norteamericana de neumáticos para automotores terminaron en un estruendoso fracaso. Sobre el río Xingú en la región de Altamira en el Brasil los habitantes de la región tumbaron y quemaron la vegetación, sembraron trigo, arroz, mandioca. Las primeras cosechas fueron espléndidas pero al cabo de tres años el suelo no produjo nada.
Otro ejemplo es el caso del norteamericano Daniel Keith Ludwing, el cual destruyó 2.5 millones de hectáreas de selva para sembrar árboles maderables para pulpa en el Brasil, sembró gmelia arbórea, árbol africano de buen crecimiento. Habiendo invertido más de 28 millones de dólares en este proyecto, la aventura parece ya terminada; las primeras matas murieron y las segundas fueron amenazadas por enfermedad.
Estos fracasos indican que hay que recurrir a sistemas nuevos y aprovechar la tierra según su mayor cantidad de uso, no desgastándola y explotándola para que no se de nada en el futuro.

