lunes, 28 de septiembre de 2009
lunes, 14 de septiembre de 2009
La sociedad actual

A pesar de contar con un mundo interconectado, con un elevado avance científico y tecnológico, y mayores niveles de información y comunicación, no hemos logrado consolidar una conciencia colectiva y solidaria en pos de un mundo donde se respete la diferencia, se proteja y defienda la vida de los pueblos, se busque equidad y ayuda para los más pobres, y se conserve y utilice racionalmente el medio ambiente.
Por el contrario, hoy caracterizamos a las sociedades corno núcleos donde germina el individualismo, la anarquía, el radicalismo y la insensibilidad, donde la violencia ha pasado de los campos de batalla a las familias y las escuelas, y se ha convertido en el lenguaje cotidiano de las relaciones humanas. Esto ha conducido a la prevalencia del interés particular, concentrado en la búsqueda del beneficio de individuos y de grupos de interés que defienden sus posesiones; donde corporaciones y conglomerados económicos buscan prevalecer sobre los escombros de sus competidores y acrecientan sus riquezas sin considerar quien pierde o quien es el que se empobrece.
Esta forma de relacionarse, lleva implícita la predica donde se asume que sobrevive quien es más fuerte, quien concentra más poder y quien se apropia de las fuerzas del cambio. Así, el conocimiento, la tecnología y las nuevas riquezas del planeta son apropiadas y explotadas por quienes poseen el poder, los cuales someten a los demás a sus decisiones y a su arbitrio. Desde esta perspectiva, los recursos ambientales, la biodiversidad y la riqueza genética son bienes que en mucho han sido operados bajo esta filosofía y han sido afectados por la prevalencia de este modo de pensamiento.
Todo esto nos indica, que estamos lejos de alcanzar un mundo ideal para vivir y el camino por alcanzar un planeta en equilibrio es una tarea de largo aliento, que nos conmina a asumir una actitud consecuente con los retos del presente y del futuro. La protección de los derechos humanos, la atención de los grupos de población vulnerables y la apreciación de las demás especies que comparten con nosotros este planeta es una tarea que debe construirse sobre la base de una racionalidad donde se comprenda que vivir y sobrevivir significa tejer relaciones de interdependencia y crecimiento conjunto.
Por el contrario, hoy caracterizamos a las sociedades corno núcleos donde germina el individualismo, la anarquía, el radicalismo y la insensibilidad, donde la violencia ha pasado de los campos de batalla a las familias y las escuelas, y se ha convertido en el lenguaje cotidiano de las relaciones humanas. Esto ha conducido a la prevalencia del interés particular, concentrado en la búsqueda del beneficio de individuos y de grupos de interés que defienden sus posesiones; donde corporaciones y conglomerados económicos buscan prevalecer sobre los escombros de sus competidores y acrecientan sus riquezas sin considerar quien pierde o quien es el que se empobrece.
Esta forma de relacionarse, lleva implícita la predica donde se asume que sobrevive quien es más fuerte, quien concentra más poder y quien se apropia de las fuerzas del cambio. Así, el conocimiento, la tecnología y las nuevas riquezas del planeta son apropiadas y explotadas por quienes poseen el poder, los cuales someten a los demás a sus decisiones y a su arbitrio. Desde esta perspectiva, los recursos ambientales, la biodiversidad y la riqueza genética son bienes que en mucho han sido operados bajo esta filosofía y han sido afectados por la prevalencia de este modo de pensamiento.
Todo esto nos indica, que estamos lejos de alcanzar un mundo ideal para vivir y el camino por alcanzar un planeta en equilibrio es una tarea de largo aliento, que nos conmina a asumir una actitud consecuente con los retos del presente y del futuro. La protección de los derechos humanos, la atención de los grupos de población vulnerables y la apreciación de las demás especies que comparten con nosotros este planeta es una tarea que debe construirse sobre la base de una racionalidad donde se comprenda que vivir y sobrevivir significa tejer relaciones de interdependencia y crecimiento conjunto.
domingo, 6 de septiembre de 2009
Relación entre desarrollo económico y medio ambiente

Los modelos de desarrollo económico han promovido la explotación del recurso natural sin distinguir entre aquellos que deben ser usados y recuperados, y los que deben ser protegidos. Esto al amparo de un concepto de riqueza y bienestar, orientado a la acumulación y utilización inmoderada de productos de transformación y consumo. Así, los recursos naturales han sido destinados al suministro de insumos para la industria productiva o de transformación, o a la provisión de tierras con capacidad de explotación para la agricultura, la ganadería, la minería, etc. Este proceso se ha traducido en la desaparición de bosques y selvas, en la extinción de especies animales y vegetales, en la contaminación de las fuentes de provisión de agua y oxígeno, en la contaminación atmosférica y de fuentes hídricas; en general en la degradación a gran escala de los ecosistemas que han cedido al crecimiento de los grandes centros industriales y urbanos del mundo moderno.
Por lo tanto, las naciones deben revisar sus modelos de desarrollo a la luz del impacto que puedan tener sobre el medio ambiente. Los países en vías de desarrollo deben establecer un camino para proteger sus recursos naturales y utilizarlos para alcanzar el progreso que necesitan sus habitantes y mejorar sus condiciones de vida. Por otro lado, los países del primer mundo deben analizar como sus costumbres, modas de consumo y sus demandas de gasto afectan la producción y protección de los ecosistemas.
Por lo tanto, las naciones deben revisar sus modelos de desarrollo a la luz del impacto que puedan tener sobre el medio ambiente. Los países en vías de desarrollo deben establecer un camino para proteger sus recursos naturales y utilizarlos para alcanzar el progreso que necesitan sus habitantes y mejorar sus condiciones de vida. Por otro lado, los países del primer mundo deben analizar como sus costumbres, modas de consumo y sus demandas de gasto afectan la producción y protección de los ecosistemas.
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